Tristan

Tristan de Thomas Mann

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TRISTAN de THOMAS MANN

La novela corta “Tristan” (1903) muestra un agudo contraste entre la brevedad de la misma y la hondura simbólica que destila. En esto se emparenta con su compañera “La muerte en Venecia”, si bien no ha trascendido al gran público tanto como aquélla.
Se desarrolla en un escenario que adelanta el hábitat donde se recrea “La montaña mágica”: el sanatorio Einfried, blanco y rectilíneo (aspecto aséptico) rodeado de frondosos jardines y adornado decimonónicamente al estilo imperial, que crea un marco burgués, tan ostentoso como decadente, y tan querido para el escritor. El principal reclamo de este sanatorio es el aire puro de la montaña.
En este recinto se hospedan los débiles de espíritu y de la carne, aquellos incapaces de darse leyes y atenerse a ellas (sich selbst Gesetze zu geben und sie zu halten). Es la creación del orden en medio del dolor, la aceptación de una tutela, de una disciplina exterior, que les da el regente de la institución, el doctor Leander, un pesimista desapasionado gracias a su formación científica.
Un singular huésped es Spinell (en alemán este término es el nombre de un mineral cúbico y transparente). Se halla en Einfried no por enfermedad, sino por pose. Afecta el sufrimiento propio de un artista, sin llegar a serlo. Es un escritor frustrado, o al menos fracasado. Se pasa el día enviando correspondencia sin que nadie le responda. En él ,el binomio arte/vida funciona perfectamente: obliga a invertir en exclusiva en uno de los dos polos. Es una suerte de balanza, de manera que cuando bajo un platillo, sube el otro. Su aspecto físico por lo demás es el del hombre inmaduro, poco viril, de cara barbilampiña, se le apoda maliciosamente como el “bebé corrupto” (verweste Säugling, la traducción de “bebé huérfano”, que aparece en la editorial Edhasa, me parece muy desafortunada).
Tiende a la idealización y a huir de la realidad. Según narra él mismo, prefiere mirar a una mujer de pasada (mit einem halben Blick) para corregirla en su imaginación. El perfeccionista no aguanta las fallas de la realidad. Nuestra expectativa tiende al infinito, y la realidad siempre la defrauda. Esta actitud le lleva al aislamiento y a la excentricidad.
Una nueva visita revoluciona el ambiente en el sanatorio: el matrimonio Klöterjahn. Herr Klöterjahn es la contrapartida de Spinell. Un hombre activo, realista, que flirtea con las enfermeras, extrovertido, vital, empresario agresivo, pero, irónicamente, capaz de cuidar mejor de Frau Klöterjahn, que Spinell, que ha caído rápidamente enamorado de ella.
La vena azulada en la sien de Frau Klöterjahn asocia la belleza y el dolor de contínuo. Apartada de su bebé por razones de salud, se queda unas semanas allí, mientras intima con Spinell. Pero su sufrimiento es real, y no afectado. En una velada en la que ambos se quedan solos, Spinell la incita a tocar el piano. Ella se niega, porque los médicos le han desaconsejado cualquier esfuerzo. Él insiste. Por azar encuentran las partituras de “Tristan e Isolda” (que da título al relato) y rápidamente Spinell pretende culminar el adulterio artísticamente en el papel de Tristan. Pero ella no está enamorada.
Spinell es una caricatura, aunque comparte muchas características con su creador. Wir sind unnützliche Geschöpfe, exclama Spinell en cierta ocasión: nosotros (los artistas) somos creaturas inútiles. Se considera lo útil como feo y mezquino. Pero el abismo acecha. Ante el peligro de una vida disipada en la bohemia, el inútil se aferra a una disciplina. La conducción de la vida racionalmente la había heredado Thomas Mann de su padre, la inclinación hacia el arte, la sensualidad y la locura provienen de la parte materna. La conciencia remuerde, y la disciplina se convierte en una necesidad para contrarrestar el desequilibrio latente.
El enfrentamiento entre Herr Klöterjahn y Spinell, el diálogo amoroso en torno al piano y la ópera de Wagner, las ambientaciones maravillosas en la alta montaña y el ambiente acogedor del sanatorio y el guiño final, en el que aparece el bebé, son mil y un motivo más para releer este relato genial del maestro.

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