Pasión

La pasión según san Mateo de Johann Sebastian Bach.

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Al entrar el tiempo de cuaresma no puedo evitar recordar las audiciones de esta obra a lo largo de mi biografía. Aquellas primeras, de un Karajan o un Klemperer, de tiempos tan lentísimos, cuando aún no nos había colonizado el señuelo de la velocidad. Degustando cada armonía, obsequio quizá imprevisto del roce de los contrapuntos. Ese sentimiento y esa dignidad de la obra bien hecha, hecha para siempre. Las voces grandes, el sonido muy vibrado, la media de los intérpretes ya avanzada (Christa Ludwig, Walter Berry…) con sus peinados tan antiguos. La gravedad del sufrimiento de Cristo traspasaba su disposición.
Luego llego la revisión historicista, las articulaciones claras, demasiados livianas al principio y luego más meditaddas. Gardiner o Harnoncourt descargaron la orquesta para hacerla más transparente. Parrot casi actúa con solistas en el coro. Los tempi se aceleran. Parece imposible volver atrás. Sólo Rilling se hace heredero de la escuela romántica. Herrewegue convierte en misticismo su obsesión interpretativa. El sonido liso como una espada.
Pero siempre la gran música del maestro. El maestro.