Literatura alemana

El proceso.

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“Alguien debía haber calumniado a Josef K., pues sin que éste hubiera hecho algo malo, una mañana fue arrestado”. Kafka es el maestro de las primeras frases. En esta oración se condesa Franz_Kafka_Process_Gerichtsbodentoda la historia. Parece una astucia para captar la atención del lector, quien consciente de la inocencia del protagonista, lo acompañará en su calvario, como el intrépido Cary Grant sufrió el suyo en la película de Hitchcock “Con la muerte en los talones” (1959), perseguido por unos malhechores que lo toman por otra persona. Pero esta frase nos indica más, a saber: que cada enunciado, y aún cada palabra, en Kafka están preñados de múltiples significados -¿herencia de la cabalística?-. Nunca se agota lo escrito en la literalidad. El Talmud ha de ser recitado una y mil veces, y todavía quedarán sin desentrañar los secretos que esconden las palabras. Así en las misteriosas palabras de Kafka. Las referencias y las resonancias son innúmeras, tejiendo alrededor del lector un universo cerrado que lo atrapa con ecos misteriosos. La frase además presenta un binomio irreductible: inocencia /maldad. K. no ha hecho nada malo. ¿Qué es este “malo”? ¿Existe primordialmente este “etwas Böses”, en el que el hombre puede caer? Parece casi un comienzo con reminiscencias bíblicas del Génesis. El hombre ha cometido un pecado original y debe purgar por ello. En los catecismos se utilizaba la metáfora de Adán y Eva. Nuestros primeros padres cometieron el pecado original y nosotros, sus descendientes, estamos ya siempre expulsados del Paraíso. Cristo vendría a redimirnos de ese pecado. El hecho señalado por Kafka alude tanto a una anécdota posible –alguien acusado por error- como a la condición humana teológica, definida por la mancha del pecado, al que no puede sustraerse. Esta línea judaica de interpretación mantiene Schirrmacher[1]. En un movimiento circular, relaciona el “mal” de la primera línea con la “vergüenza” de la última del libro. Vergüenza es lo que sintieron Adán y Eva tras el pecado original. Se vieron por primera vez desnudos. La Biblia no sería en el fondo sino la historia de un gigantesco proceso contra la humanidad. Demasiado peso para un vulgar trabajador de banco cuyo nombre consiste tan solo en la inicial K. La sugerente interpretación de Schirrmacher en clave religiosa es muy atractiva. Si al principio fue el verbo, si el efecto hipnótico de la oración, que consiste en la repetición sin fin de unas palabras escogidas, se identifica con el de la religión, de modo que la religión ha sido en el fondo literatura, se pregunta Schirrmacher: ¿habrá querido Kafka seguir el proceso contrario? ¿habrá querido convertir la literatura en religión?

No solo para su personaje supone la vida una responsabilidad desaforada, también para el escritor, que no puede evitar escuchar en su cabeza las múltiples resonancias de cada palabra, de cada frase. Tal condensación solo podía dar lugar a una obra fragmentaria, aforística, incompleta, agotada en el primer arranque por el excedente de riqueza semántica.

[1] Schirrmacher, F. (2008, 3 de julio). Neunzehn Worte Kafka. FAZ.

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Pronto descansarás…

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El 6 de septiembre de 1780, Goethe subió a la montaña Kickelhahn, y sobre la pared de madera de una cabaña de cazador escribió unos versos. Tiempo después esta cabaña ardió y no se conserva la grafía original, pero el autor sí introdujo el poema en su opus con el título “Das Gleiche”.

Los versos dicen:

Atardecer en las montañas

Über allen Gipfeln

Ist Ruh

In allen Wipfeln

Spürest Du

Kaum einen Hauch;

Die Vögelein schweigen im Walde.

Warte nur! Balde

Ruhest Du auch.

Vienen a decir algo así: sobre las cumbres hay paz, en las copas de los árboles apenas puedes percibir un aliento, los pajarillos han enmudecido en el bosque. Espera, pronto descansarás tú también.

Son ocho versos de máxima simplicidad y potencia poética. No se trata de un descubrimiento sorprendente, ni de un elaborado pensamiento o razonamiento. Este poema pone al descubierto algo que sentimos como esencial, y nos emociona en su sencillez y en su contundencia.

¿De qué reposo habla Goethe? En la Naturaleza todo está tranquilo, pero el hombre es el ser que tiene que llegar a esa tranquilidad, ganársela. El reposo está al final del camino. Y parece que este estado sea una misma imposición de la Naturaleza, que lo reintegra en el Todo de donde proviene y así vuelve a su seno.

Goethe expone una gradación de tranquilidad casi a la manera aristotélica. El cosmos de suyo es por definición la tranquilidad, la seguridad del camino marcado. Los pajarillos están en un estadio intermedio. Estas criaturillas alcanzan el reposo acá y allá sin pro-ponérselo. El corazón del hombre es el más díscolo del conjunto, siempre ansiando, herido de deseos caprichosos y lleva sobre sus hombros la carga, la tarea de llegar a la paz.

¿Qué entiende Goethe por Ruhe? ¿Acaso la muerte? ¿O quizá es el atardecer de una vida, la madurez desde la que se mira el sinsentido de tanta lucha por cosas no esenciales, el jugar papeles que no llevan a la autenticidad? Se trata del ánimo del atardecer que vuelve la vista hacia el conjunto…

Qué misterioso es este reposo, y por eso da tanto que pensar…

Hermann Hesse; bajo la rueda.

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En 1906 publicó Hermann Hesse “Bajo la rueda” (expresión alemana que también significa la caída, el fracaso). En ella cuenta las peripecias del joven Hans Giebenrath, con un alto contenido autobiográfico, como corresponde a las primeras publicaciones del joven escritor alemán. Es Giebenrath un muchacho sensible e inclinado al estudio. Abandona su pueblo para ingresar en el seminario. Es muy consciente de la excelencia y de la diferencia radical entre un hombre que sabe y otro que no sabe: “tratando de hacerse una idea de lo que sería su vida si no existiera nada parecido al seminario… durante toda su vida sería una de aquellas gentes sin ambición, a las que tanto despreciaba y con las que deseaba evitar todo contacto o semejanza”. De su pueblo sin embargo extraña el íntimo contacto con la naturaleza: el riachuelo que atraviesa, las deliciosas horas de pesca, etc.
Huérfano de madre, su padre es un espíritu sencillo. En el pueblo experimenta Hans una radical soledad, cuando no el desprecio de sus compañeros de juego. La rama artística no es racional, pero siembra en el corazón del hombre la semilla de la fe y de la esperanza. También Thomas Mann defiende al comienzo de su Fausto la idea un poco decimonónica de que el científico instruye, mas no educa.
La cultura juega un papel represor de los instintos. En contra de Rousseau, la naturaleza es algo primitivo que debe suprimirse, “es una selva virgen sin camino ni orden”. La educación es la encargada de transformar al hombre. El sacrificio y el ascetismo convierten en camino seguro la vida y la cultura en su fin. El cuerpo queda desrealizado en vitud de ideales superiores. Ortega intentará posteriormente dulcificar esta tensa relación entre cultura y vida de la mano de Nietzsche y Goethe. Si la cultura es un intento de apreciar lo variopinto de lo real, cuando se independiza de éste, se cosifica y se convierte en un obstáculo en las vivencias.
Pese a sus altos ideales, el protagonista se muestra “como una muchacha tímida, augardando a que fuera a buscarle alguien más fuerte y audaz, capaz de arrebatarle violentamente y forzarle a sentirse feliz”.
Tras unos pasajes de amistad en el seminario, que rozan el homoerotismo, escapa del seminario y vuelve al pueblo, allí le espera un final tan trágico como ambiguo, que no he desvelar al lector.