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Poemas esenciales en la lírica alemana

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Versión comentada y en bilingüe de algunos ejemplos líricos de Goethe, Heine, Celan, Benn, Kaschnitz, Hölderlin, etc. en la magnífica edición de Ediciones Rilke. Una ocasión para pasar un buen rato con los clásicos.

Pronto descansarás…

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El 6 de septiembre de 1780, Goethe subió a la montaña Kickelhahn, y sobre la pared de madera de una cabaña de cazador escribió unos versos. Tiempo después esta cabaña ardió y no se conserva la grafía original, pero el autor sí introdujo el poema en su opus con el título “Das Gleiche”.

Los versos dicen:

Atardecer en las montañas

Über allen Gipfeln

Ist Ruh

In allen Wipfeln

Spürest Du

Kaum einen Hauch;

Die Vögelein schweigen im Walde.

Warte nur! Balde

Ruhest Du auch.

Vienen a decir algo así: sobre las cumbres hay paz, en las copas de los árboles apenas puedes percibir un aliento, los pajarillos han enmudecido en el bosque. Espera, pronto descansarás tú también.

Son ocho versos de máxima simplicidad y potencia poética. No se trata de un descubrimiento sorprendente, ni de un elaborado pensamiento o razonamiento. Este poema pone al descubierto algo que sentimos como esencial, y nos emociona en su sencillez y en su contundencia.

¿De qué reposo habla Goethe? En la Naturaleza todo está tranquilo, pero el hombre es el ser que tiene que llegar a esa tranquilidad, ganársela. El reposo está al final del camino. Y parece que este estado sea una misma imposición de la Naturaleza, que lo reintegra en el Todo de donde proviene y así vuelve a su seno.

Goethe expone una gradación de tranquilidad casi a la manera aristotélica. El cosmos de suyo es por definición la tranquilidad, la seguridad del camino marcado. Los pajarillos están en un estadio intermedio. Estas criaturillas alcanzan el reposo acá y allá sin pro-ponérselo. El corazón del hombre es el más díscolo del conjunto, siempre ansiando, herido de deseos caprichosos y lleva sobre sus hombros la carga, la tarea de llegar a la paz.

¿Qué entiende Goethe por Ruhe? ¿Acaso la muerte? ¿O quizá es el atardecer de una vida, la madurez desde la que se mira el sinsentido de tanta lucha por cosas no esenciales, el jugar papeles que no llevan a la autenticidad? Se trata del ánimo del atardecer que vuelve la vista hacia el conjunto…

Qué misterioso es este reposo, y por eso da tanto que pensar…

La infancia de Goethe

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Era una casa antigua, angulosa, de contornos sobrios y respetables. El papá está convencido de que los rigores de la vida los niños han de aprender a soportarlos cuanto antes mejor, de modo que si los niños en mitad de la noche se despiertan y tienen miedo, como se les ocurra salir al pasillo se toparán con la figura paterna, en ropa de cama, obstruyéndoles el paso. La madre utiliza métodos más dulces, pero es el padre quien le inculcará el amor por el sur mediterráneo, por la cultura italiana, por la lenguas.
El pequeño Wolfgang no escatima en fechorías, pero siempre encuentra refugio en la abuela paterna, cómplice de sus juegos, de su hermana y de él. La abuela fue quien le regaló un teatrillo de marionetas, que influirá y avivará el genio dramático trascendentalmente.
Sin embargo probará el sabor de la melancolía desde su ventana, al ver cómo los niños del vecindario juegan, las vecinas cotillean, y el mundo adquiere volumen y movimiento mientras él, allí arriba clausurado, tiene que estudiar y aprender, y contemplar cómo el sol se oculta tras el horizonte de su Frankfurt natal…Casa  natal de Goethe

Comienza Fausto

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En una habitación gótica, que nos remite a la espiritualidad medieval, con su asumida subversión de valores: los celestiales por los terrenales; Fausto enumera los saberes a los que se ha dedicado. Se lamenta especialmente de la teología, que es la que más altos bienes promete. Tras tanto denuedo, concluye en que “wir nichts wissen können”, nada podemos saber.

El poco saber atesorado lo ha liberado del miedo del mundo y de sus diablos. Pero a la par también ha perdido su alegría: está desencantado. Desinflado ante tanto saber libresco “von allem Wissensqualm entladen” se vuelve hacia la naturaleza y pretende comunicarse con la luna.

Su habitación y sus libros han devenido en una suerte de cárcel, un impedimento para gozar de la inmediatez de la vida, de la naturaleza fecundada. Se impone una salida al mundo.

De la Edad Media ha heredado Fausto la exégesis de los libros como forma más preciada del saber. No se cuestiona el punto de partida, la iglesia como gran biblioteca velando por la tradición. Los viajes del Renacimiento coinciden con un viraje de la mirada: hacia el mundo.

Paralelamente Fausto ansía una pansofía, en la que el microcosmos encuentra su correspondencia y fundamento en el macrocosmos, como clave interpretativa del saber total, en el que todo tiene un sentido y ese sentido es el todo “wie alles sich zum Ganzen webt”. La Naturaleza, en un gesto de optimismo antropológico, no es indescifrable. Sólo hay que hacerse del código correcto.

Recogerán el hilo dos vertientes: la hegeliana, con su panracionalismo y la tecnocientífica con su panmatematismo. Fausto recibe una visita sin embargo.

La rapsodia para contralto de Brahms

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Esta rapsodia para contralto se la dedicó Brahms a Julie, la hija de Clara Schumann, por su boda… el viejo misántropo y tímido nunca dejó expresar muestras de anor, de nuevo solo, es un canto a sí mismo:

Aber abseits wer ist’s?
Im Gebüsch verliert sich sein Pfad;
hinter ihm schlagen die Sträuche zusammen,
das Gras steht wieder auf,
die Öde verschlingt ihn.

Ach, wer heilet die Schmerzen
dess, dem Balsam zu Gift ward?
Der sich Menschenhaß
aus der Fülle der Liebe trank!
Erst verachtet, nun ein Verächter,
zehrt er heimlich auf
seinen eigenen Wert
In ungenugender Selbstsucht.

Ist auf deinem Psalter,
Vater der Liebe, ein Ton
seinem Ohre vernehmlich,
so erquicke sein Herz!
Öffne den umwölkten Blick
über die tausend Quellen
neben dem Durstenden
in der Wüste!

Goethe, Harzreise im Winter

Pero ¿quién vive apartado?
Tras su destierro se borrará su rastro,
tras sus huellas
se cerrará el matorral,
volverá a crecer la hierba,
y le engullirá la tierra.

Ah, ¿quién podrá curar las penas
de aquel que del bálsamo hizo veneno?
¿De aquel que bebió la hiel
en el cáliz del amor?
Otrora despreció y ahora, despreciado,
furtivo va consumiendo
su propia valía
en egoísmo insatisfecho.

¡Si en tu salterio hubiera,
Padre de Amor, un canto
que conmoverle pudiera,
consuela su corazón!
¡Guía su turbia mirada
hacia la límpida fuente
que anhela la sedienta boca
en mitad del desierto!

La dialéctica exterior/interior: Goethe

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Trato a mi corazón como a un niño enfermo, le doy constantemente lo que me pide… así se expresa el joven Werther, quien sucumbe al abismo de las pasiones, aunque de algún modo señala un camino de relación más auténtica consigo mismo…

Culmen de la literatura universal