nazismo

Poesía después de Auschwitz: Paul Celan.

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Friederike Schrager se empeñó, enamorada como estaba de la lengua y la literatura alemana, en que en casa su pequeño, Paul, creciera en esa lengua. El padre por su parte lo educó en el hebreo y en el Antiguo Testamento, de suerte que esta familia judía de origen rumano, cultivó el gran legado cultural europeo y Paul acabaría estudiando en la universidad literatura y lenguas románicas. Cuando los nazis lo dejaron huérfano, el padre murió de tifus, la madre de un tiro en la nuca, ambos deportados a campos de concentración, en Paul se revolvió algo muy dentro. Él mismo fue internado en un campo de trabajo y la llama de la poesía lo abrasó. Su primer libro de poemas no despertó mucha atención. Posteriormente se convirtió en uno de los más grandes poetas de lengua alemana. Pero, y de esto era bien consciente, escribía en la lengua de sus verdugos. De ahí que le dedique estos versos a la madre asesinada: “Und duldest du, Mutter, wie einst, ach daheim, den leisen, den deutschen, den schmerzlichen Reim?” (¿permites, madre, la rima alemana, dulce, dolorosa, como entonces, como en casa?). Cuánto tuvo que ver todo esto con en el cuadro de depresiones severas que padeció en una época de prestigio intelectual, cuando se codeaba con Heidegger -de quien esperó inútilmente un gesto de arrepentimiento-, con Adorno -a quien hizo desdecirse de su famosa frase (“después de Auschwitz no es posible la poesía”)-,  y con su idilio con la poetisa Ingeborg Bachmann. Cuánto tuvo que ver todo esto con el hecho de que la noche del 19 de abril de 1970 acabara con su existencia arrojándose al río Sena en Paris. La imagen del horror necesitaba olvidarla para seguir viviendo, pero al mismo tiempo tenía que denunciarla y hacerla presente.

Todesfuge

Schwarze Milch der Frühe wir trinken sie abends

wir trinken sie mittags und morgens wir trinken sie nachts

wir trinken und trinken

wir schaufeln ein Grab in den Lüften da liegt man nicht eng

Ein Mann wohnt im Haus der spielt mit den Schlangen der schreibt

der schreibt wenn es dunkelt nach Deutschland dein goldenes Haar Margarete

er schreibt es und tritt vor das Haus und es blitzen die Sterne er pfeift seine Rüden herbei

er pfeift seine Juden hervor lässt schaufeln ein Grab in der Erde

er befiehlt uns spielt auf nun zum Tanz

Schwarze Milch der Frühe wir trinken dich nachts

wir trinken dich morgens und mittags wir trinken dich abends

wir trinken und trinken

Ein Mann wohnt im Haus der spielt mit den Schlangen der schreibt

der schreibt wenn es dunkelt nach Deutschland dein goldenes Haar Margarete

Dein aschenes Haar Sulamith wir schaufeln ein Grab in den Lüften da liegt man nicht eng

Er ruft stecht tiefer ins Erdreich ihr einen ihr andern singet und spielt

er greift nach dem Eisen im Gurt er schwingts seine Augen sind blau

stecht tiefer die Spaten ihr einen ihr andern spielt weiter zum Tanz auf

Schwarze Milch der Frühe wir trinken dich nachts

wir trinken dich mittags und morgens wir trinken dich abends

wir trinken und trinken

ein Mann wohnt im Haus dein goldenes Haar Margarete

dein aschenes Haar Sulamith er spielt mit den Schlangen

Er ruft spielt süsser den Tod der Tod ist ein Meister aus Deutschland

er ruft streicht dunkler die Geigen dann steigt ihr als Rauch in die Luft

dann habt ihr ein Grab in den Wolken da liegt man nicht eng

Schwarze Milch der Frühe wir trinken dich nachts

wir trinken dich mittags der Tod ist ein Meister aus Deutschland

wir trinken dich abends und morgens wir trinken und trinken

der Tod ist ein Meister aus Deutschland sein Auge ist blau

er trifft dich mit bleierner Kugel er trifft dich genau

ein Mann wohnt im Haus dein goldenes Haar Margarete

er hetzt seine Rüden auf uns er schenkt uns ein Grab in der Luft

er spielt mit den Schlangen und träumet der Tod ist ein Meister aus Deutschland

dein goldenes Haar Margarete

dein aschenes Haar Sulamith

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Propongo esta traducción:

Fuga de la muerte

Negra leche del alba la bebemos por la tarde

la bebemos al mediodía por la mañana la bebemos por la noche

bebemos y bebemos

cavamos una fosa en el aire allí se reposa sin angostura

un hombre vive en la casa juega con las serpientes escribe

escribe cuando oscurece a Alemania tu cabello dorado Margarete

escribe y sale da casa y refulgen las estrellas silba a sus perros

silba a sus judíos les hace cavar una fosa en la tierra

nos ordena hacer música para el baile

Negra leche del alba te bebemos por la noche

te bebemos por la mañana y al mediodía te bebemos por la tarde

bebemos y bebemos

un hombre vive en la casa juega con las serpientes escribe

escribe cuando oscurece a Alemania tu cabello dorado Margarete

tu cabello de ceniza Sulamita cavamos una fosa en el aire allí se reposa sin angostura

cavad más profundo en el suelo unos cantad otros tocad

echa mano al arma en su cinturón la esgrime sus ojos son azules

hincad con más profundidad las palas otros tocad para el baile

Negra leche del alba te bebemos por la noche

te bebemos al mediodía y por la mañana te bebemos por la tarde

bebemos y bebemos

un hombre vive en la casa tu cabello dorado Margarete

tu cabello de ceniza Sulamita él juega con las serpientes

él grita tocad con más dulzura la muerte la muerte es un maestro de Alemania

él grita tocad más sombríamente los violines entonces ascenderéis al aire como humo

entonces tenéis una fosa en las nubes allí se reposa sin angostura

Negra leche del alba te bebemos por la noche

te bebemos al mediodía la muerte es un maestro de Alemania

te bebemos por la tarde y por la mañana bebemos y bebemos

la muerte es un maestro de Alemania y su ojo es azul

te alcanza con una bala de plomo te alcanza sin equivocarse

un hombre vive en la casa tu cabello dorado Margarete

azuza a sus perros sobre nosotros y nos regala una fosa en el aire

él juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro de Alemania

tu cabello dorado Margarete

tu cabello de ceniza Sulamita

Unos mínimos (e inútiles posiblemente) comentarios.

Se presentan dos momentos vivenciales dentro de un mismo recinto: un campo de exterminio. El “nosotros” (wir), que son los judíos condenados a muerte, los reclusos; y el “él” (der Mann), que es el verdugo. A los primeros se les alimenta con leche corrupta, con leche negra (Schwarze Milch) mientras cavan fosas, -que son más espaciosas que los barracones donde se apiñan los presos. Aquí fungen las imágenes bíblicas de la bebida, del oro, del cabello…  El negro es el color de lo fúnebre. El segundo, en su casa recluido -lugar de vigilancia del campo-, escribe una carta de amor. El que ama es el mismo que acaba con la vida. Es la distorsión más insoportable de un momento de la vida universal. Lo que hace imposible la reconciliación. Estos dos momentos vivenciales representan los temas en contra-punto, que a la manera de una fuga musical, se repiten y contrastan entre sí, de tal modo, que no es la puntuación (de la que carece el poema) la que marca el ritmo y la musicalidad, sino la aparición estructurada de estos motivos, se les da la vuelta, se los desordena, etc.

Del verdugo se dice que escribe una carta para Alemania (nach Deutschland). El campo de concentración debe hallarse fuera, en Polonia. Mientras juega con serpientes (der spielt mit den Schlangen). Éstas son un símbolo bíblico del mal, de la tentación en el paraíso, de la profanación de la inocencia. Y escribe: tu pelo dorado Margarete (dein goldenes Haar Margarete). La serpiente parece haberse transformado en los bucles de un cabello. Un cabello típico de la raza aria, por su color dorado. Margarete, Gretchen, es el nombre de la enamorada de Fausto, símbolo primordial de la cultura alemana. Heine recogerá en la leyenda de Loreley la mujer seductora que peina su cabello dorado. Celan está recurriendo a los tópicos visuales y poéticos de la tradición alemana.

El verdugo sale de casa y silba a sus perros  guardianes (er pfeift seine Rüden herbei) -imagen del miedo. Donde el término alemán rüde también significa rudo, majadero, por lo que no queda claro si se refiere a los reclusos. De hecho, en la frase siguiente de idéntica construcción (er pfeift seine Juden hervor), a quien silba ahora es a “sus judíos”. Quiere que continúen cavando (en la tierra y en el cielo).  Quiere que toquen música para bailar. A veces bailaban las muchachas judías para luego ser violadas. La danza de la muerte (Totentanz) también es un tópico de la cultura alemana romántica, cuando estaban fascinados por la representación de la muerte en la Edad Media. Muchos compositores de entonces utilizaron la melodía gregoriana del Dies Irae (Juicio Final) para confeccionar su romántica Totentanz.

La segunda estrofa, de 6 versos (la primera fue de 9, y la tercera de 3) reexpone el tema de la leche negra y los mismos elementos en diferentes órdenes.  Además aparecen dos imágenes nuevas, los ojos azules del vigilante y la figura de Sulamita.

Los ojos azules, arios, según el arquetipo que vendió la propaganda nacionalsocialista, se singularizan en un guiño, en un solo ojo abierto (sein Auge ist blau) para apuntar y no marrar el tiro.

Sulamita, nombre de origen incierto, es la amada en el poético libro del Antiguo Testamento “El Cantar de los Cantares”. Con esta presencia se contrapone la figura hebrea de la mujer al prototipo germano de Margarete. Pero la primera tiene el cabello de ceniza. No se nombra el horno incinerador, ni la chimenea por la que asciende la ceniza, ni se describe la ejecución, aunque sí el humo. Pero algo profundamente desolador desprende este poema, repetitivo, desde los ojos que van a morir sin justificación, en una cantidad desmesurada de sufrimiento gratuito, como si quisieran quitar la razón a los optimistas de la historia, como si condenaran al género humano a algo no susceptible de ser amado en su conjunto. La ceniza del cabello de Sulamita es el símbolo de las víctimas del Holocausto.

La muerte es un maestro que viene de Alemania (der Tod ist ein Meister aus Deutschland). Pero un maestro tan magistral como perverso, una maquinaria perfecta para producir cadáveres. Son racionales íntegramente. Pero una razón que excluye la moral, la compasión. ¿Cómo es posible que de la misma cultura de la que se nutrió Goethe o Schiller, Kant o Hegel, Bach o Beethoven, por nombrar sólo a unos pocos, haya surgido el verdugo? Han sido maestros pero también en la barbarie.

Los dos últimos versos conforman el acorde final, pero es disonante. Lo hebreo y lo germano no pueden sonar conjuntamente. El hiato que los separa es de profundidad infinita. El poner a las dos mujeres juntas, germana y hebrea, no es una yuxtaposición trivial, es la expresión de un lamento. La corroboración de la tensión entre dos culturas. Y la nota final que resuena es el llanto de Sulamita, la del judío sacrificado, sin límite ni compasión. Porque después de este dolor solo cabe el silencio. Tras esa disonancia radical, cualquier comentario sobra.

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