literatura alemana

El viajante

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Mi mirada hasta allí viaja,

los ojos entornados entre jirones de legaña,

y contemplo arriba, en la pendiente,

agarradas a la montaña,

con sus ventanas ciegas por ojos

y los tejados de pizarra

y sus puertas desvencijadas,

cuales bocas enfermas o  mal cuidadas,

llenas de dientes podridos

y carmín de mala fama,

allí contemplo esas casas

y aún más arriba y sobre ellas

el cielo sin forma ni trazas,

polígono azul sin lados;

y ásperos y secos arbustos

bajo el aire transparente

que todo lo abraza.

 

Pero nada reconozco,

nada,

salvo la sombra femenina

de oscura madera negra,

es la viola,

por un momento callada.

 

No comprendo las formas,

ni las distancias,

ni los colores.

ni el frío que baja.

Aunque de cada cosa tenga su nombre,

más allá de mis palabras,

de sus lugares acostumbrados,

ellas, las cosas, las casas,

me dicen nada,

inaccesibles,

extrañas,

y yo

las estoy mirando,

las miro desde la callada.

¿Dónde estará mi casa?

Consuelo.

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Eso de que “el tiempo pone todo en su sitio” me parece radicalmente falso, aunque muy difícil de atajar, porque hunde sus raíces en una necesidad muy profunda de consuelo.

La mirada infantil.

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CRÍA CUERVOS.cria-ana

La adulta Ana recuerda a la niña que fue en 1975. En esa época su familia se desintegra. El padre, Anselmo, es infiel a su madre, lo que provoca agrias disputas entre los padres. Cuando su madre muere de cáncer entre grandes dolores, Ana culpabiliza a su padre. Pensando que un polvo blanco –bicarbonato- que vio utilizar a su madre, es veneno, se lo echa a su padre en un vaso. Casualmente éste muere esa noche. Ana piensa desde entonces que ella es la responsable de la muerte de su padre y que ha adquirido poder sobre la vida y la muerte. Como huérfanas, ella y sus dos hermanas, se van a vivir con su estricta tía Paulina. Sólo cuenta con el cariño cómplice de la criada, Rosa. Ana se encierra cada vez más en sí misma, sin excluir de sus juegos la vivencia de la muerte –es capaz de saltar volando desde un tejado- o la capacidad de hacer revivir a su madre. Tras una airada disputa con tía Paulina, a quien no acepta como sustituta de su madre, le pone el polvo blanco en un vaso de leche. Ana la acaricia mientras Paulina duerme, sintiéndose más cerca de ella y creyéndola muerta. Al verla viva a la mañana siguiente, toda la magia desaparece y empieza el colegio, una nueva vida.

Poemas esenciales en la lírica alemana

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PortadaPoemasEsenciales

Versión comentada y en bilingüe de algunos ejemplos líricos de Goethe, Heine, Celan, Benn, Kaschnitz, Hölderlin, etc. en la magnífica edición de Ediciones Rilke. Una ocasión para pasar un buen rato con los clásicos.

La niña gorda y otros relatos inquietantes

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Unos relatosala-nina-gorda los que tengo muchísimo cariño. Kaschnitz es la escritora de la situación sencilla pero con una sombra terrible, el elemento inexplicable o misterioso deja la carga al lector, que se siente abocado al vértigo de una existencia que nunca se fundamenta a sí misma. Los alemanes de posguerra estaban escarmentados ante la irrupción sorprendente de lo extremo en medio de la cotidianidad. Estos cuentos te envuelven, los disfrutas y te dejan perplejo. Gracias a Hoja de Lata por llevar a todas partes esta maravilla narrativa.

ANÉCDOTA IRREAL

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me he sentado en una terraza a tomarme un zumo con un bocadillo,
se me ha acercado un joven choricete, me ha dicho que no quería dinero, solo comer,
que le pegara algo, yo he dudado, como siempre dudo, y me sentía entre generoso e intimidado,
le he dicho que no sabía si llevaba suficiente dinero, él me ha respondido que sí, yo le he dicho que él qué sabía de lo que llevaba, me ha dicho que era solo un tostada de mantequilla de un euro lo que comería, y antes de que le respondiera se ha metido en el bar, estábamos prácticamente solos en el bar,
yo he seguido leyendo la revista mercurio que había cogido de la librería babel en san juan de dios,
lo miraba de soslayo, y desde dentro del bar, a través de las cristaleras me sonreía como si brindara con la tostada por mí,
luego he entrado a pagar y el ha salido y se ha sentado en la mesa que yo ocupaba en la calle,
el camamero me  dice que la tostada del choricete ha sido de jamón jork y queso, bastante cara por cierto,
cuando salgo, lejos de reprocharle el engaño, que he pagado para no tener problemas y por mi cobardía natural,
me sigue instigando con sus preguntas, me dice que en el bar ha leído el ideal, y que no hay nada más que problemas por todos sitios,
no sé si se ríe de mí o es que necesita un poco de conversación,
le digo que todo el mundo tiene problemas, yo muy serio, con esa frase tan cinematográfica,
me pregunta si soy profesor, me asusto, intento reconocer en sus rasgos quizá la cara de algún alumno pasado que haya caído en la mala vida,
lo niego, no, no soy profesor, le digo que las apariencias engañan,
hago ademán de irme y me dice desde lejos que me he dejado una parte de bocadillo,
me alejo muy serio de él,
tengo miedo de que empiece a seguirme,
luego me maldigo por mi cobardía, por no haberme negado desde el principio a invitarlo,
que me ha pagado con engaños, que tengo cara de pardillo, que me ha visto a la legua como presa fácil,
después intento consolarme pensando sobre la mala vida que debe llevar y que para mí ese dinero no sigfinica nada,
y entre el dilema de autocompadecerme y de revolverme, concluyo que la humanidad no tiene remedio,
no puedo amarla en su conjunto