ANÉCDOTA IRREAL

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me he sentado en una terraza a tomarme un zumo con un bocadillo,
se me ha acercado un joven choricete, me ha dicho que no quería dinero, solo comer,
que le pegara algo, yo he dudado, como siempre dudo, y me sentía entre generoso e intimidado,
le he dicho que no sabía si llevaba suficiente dinero, él me ha respondido que sí, yo le he dicho que él qué sabía de lo que llevaba, me ha dicho que era solo un tostada de mantequilla de un euro lo que comería, y antes de que le respondiera se ha metido en el bar, estábamos prácticamente solos en el bar,
yo he seguido leyendo la revista mercurio que había cogido de la librería babel en san juan de dios,
lo miraba de soslayo, y desde dentro del bar, a través de las cristaleras me sonreía como si brindara con la tostada por mí,
luego he entrado a pagar y el ha salido y se ha sentado en la mesa que yo ocupaba en la calle,
el camamero me  dice que la tostada del choricete ha sido de jamón jork y queso, bastante cara por cierto,
cuando salgo, lejos de reprocharle el engaño, que he pagado para no tener problemas y por mi cobardía natural,
me sigue instigando con sus preguntas, me dice que en el bar ha leído el ideal, y que no hay nada más que problemas por todos sitios,
no sé si se ríe de mí o es que necesita un poco de conversación,
le digo que todo el mundo tiene problemas, yo muy serio, con esa frase tan cinematográfica,
me pregunta si soy profesor, me asusto, intento reconocer en sus rasgos quizá la cara de algún alumno pasado que haya caído en la mala vida,
lo niego, no, no soy profesor, le digo que las apariencias engañan,
hago ademán de irme y me dice desde lejos que me he dejado una parte de bocadillo,
me alejo muy serio de él,
tengo miedo de que empiece a seguirme,
luego me maldigo por mi cobardía, por no haberme negado desde el principio a invitarlo,
que me ha pagado con engaños, que tengo cara de pardillo, que me ha visto a la legua como presa fácil,
después intento consolarme pensando sobre la mala vida que debe llevar y que para mí ese dinero no sigfinica nada,
y entre el dilema de autocompadecerme y de revolverme, concluyo que la humanidad no tiene remedio,
no puedo amarla en su conjunto
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